Los miembros de La Orden permanecen en ella en forma vitalicia. Todo el tiempo hay entre 500 y 600 miembros vivos, de los cuales muchos se alejan de esta estructura de poder y no toman parte en las deliberaciones ni en las decisiones.
La Orden también maneja grandes fundaciones como la Fundación Ford y la Fundación Carnegie. Los herederos del apellido de esas fortunas familiares poco pueden hacer para evitar el manejo por parte de miembros de La Orden de una buena porción de sus fortunas, los intereses corporativos y las fundaciones que dejaron sus ancestros. Sutton señala, por ejemplo, que discusiones de miembros de La Orden y miembros de la familia Ford acerca del manejo de la Fundación Ford provocaron la renuncia... de los miembros de la familia Ford.
Esta enorme máquina de poder, mezcla de aristocracia y alta burguesía, que es La Orden, habría actuado de manera determinante en la división práctica de los términos de "izquierda" y "derecha", división que muchas veces le ha sido funcional para intervenir y hasta promover conflictos a través de los cuales se obtienen los resultados hegemónicos que La Orden considera que, por aproximaciones sucesivas, se van acercando cada vez más a su objetivo de dominio global. Esto puede explicar, por ejemplo, por qué el dinero de fundaciones "de derecha", como la Fundación Ford, se canaliza en gran medida a sectores de la prensa "de izquierda".
La Orden percibió muy pronto que resultaba imprescindible contar como aliado al aparato educativo norteamericano. Por eso, desde mediados del siglo XIX, fueron importadas a Estados Unidos teorías psicológicas y educativas alemanas. La educación norteamericana se basa en la teoría de que el individuo debe ser educado para cumplir un rol, como si fuera un engranaje más, en el aparato social. Esta especial forma de educación, importada de Alemania, se realiza en Estados Unidos desde las primeras etapas de la escuela primaria. Sutton incluso muestra en su obra cómo a los niños norteamericanos se les enseña a leer mediante métodos que tornan más difícil —y no más fácil— la comprensión. No se trata de un error, sino de una política deliberada: la prioridad no es que el pueblo norteamericano se informe y acceda al conocimiento a través de la lectura. Mucho menos aún, en la actual era de la televisión. La gran multiplicidad de versiones de la historia a las que se podía acceder en libros, periódicos, etc., cuando la televisión no existía, chocaba de frente con la aspiración a un "Estado absoluto" que pudiera proporcionar a la élite un inmejorable control de las masas. Es debido a esta singular educación que desde la escuela primaria se realiza en Estados Unidos, se facilita la manipulación de la opinión pública norteamericana, en contraposición a la europea o la latinoamericana, donde el grado de desconfianza y aprehensión a los Estados Unidos es mucho mayor.
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